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miércoles, 13 de octubre de 2010

Entrevista a un compañero de Vilgarcia de Arousa

«Los narcos siempre me respetaron; cada uno ya sabe a lo que se arriesga»

Es, desde hace 42 años, funcionario de Justicia, y desde 1985 trabaja en Vilagarcía; el que fue mano derecha de Taín es quien mejor conoce los entresijos de los juzgados

Autor: Susana Luaña Localidad: vilagarcía/la voz. Fecha 9/10/2010

Cuando a Marcelo Azcárraga lo nombraron fiscal antidroga de Pontevedra, se dijo que el puesto se lo había ganado trabajando discretamente tras la sombra de José Antonio Vázquez Taín. Y era cierto. Pero el juez tenía otro colaborador todavía más estrecho y aún más discreto: Joaquín.


Joaquín Aguiño Cores, natural de Cambados, lleva más de cuatro decenios trabajando en la Justicia, y es quien mejor conoce los entresijos y los secretos de los juzgados de la comarca. Lo que pasa es que es tan reservado, que al común de los mortales se le escapa muchas veces toda la sabiduría que hay detrás de su mesa abarrotada de papeles en las oficinas de Penal del Juzgado número 1 de Vilagarcía.

Entró como meritorio en los juzgados de Cambados, y después como interino. Más tarde opositó y le tocó destino en Badalona. Se fue para Cataluña acompañado de Nati Rodríguez Rañó, que entonces era su novia. Ya nunca se separaron. En Badalona terminó ella la carrera de Geografía e Historia, se casaron y tuvieron una hija. «Siempre dije que cuando la niña tuviese 5 años nos volvíamos, porque luego empiezan el colegio y ya no regresas nunca, como vi que le pasó a muchos compañeros míos. Y así fue. Pedí traslado para Vilagarcía y me lo concedieron».

Era el año 1985, y entonces, el único juzgado que había en Vilagarcía estaba en un piso en la calle Rey Daviña que compartía planta con una peluquería. Era tal la escasez de medios que una vez incluso se les escapó un detenido. «Era un delincuente común que salió por la ventana, entró en la de la peluquería y por allí se escapó. Todavía anda por ahí, a veces me lo encuentro». Por aquel entonces ya había narcotráfico, pero la Justicia, que siempre va a más lenta que la sociedad, trabajaba aún con el contrabando. Las investigaciones se llevaban a cabo, sobre todo, desde la Audiencia Nacional, pero Joaquín no cree que fuese por falta de concienciación, como se decía muchas veces, sino por falta de medios. «Teníamos una sala de audiencias con una columna en el medio, y cada vez que hablaba el fiscal te tenías que inclinar a un lado para verlo; si hablaba el abogado, te inclinabas al otro». Y no eran solo ellos los que padecían estas carencias. «La policía, para poder hacer una escucha telefónica tenía que alquilar un piso, y después llegaban con aquellos rollos enormes que había que transcribir...». Lejos quedaban aún los tiempos de los móviles, aunque no faltasen más que diez años para su uso generalizado.

En medio de esas dificultades, Nati, la mujer de Joaquín, que ya había trabajado como interina en Badalona, aprobó las oposiciones y se sumó también a la plantilla judicial de Vilagarcía. Unos años después, la sede se trasladó a la avenida de A Mariña, al edificio que hace poco ocupó provisionalmene el SPAD de Vilagarcía. Corría el año 1989 cuando se creó el segundo juzgado, y si a Joaquín se le pregunta ahora cuáles fueron los casos que más le marcaron de aquella época, no van a ser los de narcotráfico los que se le vengan a la cabeza, sino los más trágicos sucesos que se vivieron en la comarca: «Lo del niño de Rubiáns, que fue un proceso muy difícil, porque parecía un simple accidente de bicicleta y luego resultó ser un asesinato; lo del tren de Bamio, donde murieron seis personas, cinco de la misma familia, y también lo de los tres aviadores de una avioneta contraincendios que murieron en Xiabre, y que tuve que ir al levantamiento del cadáver... Son cosas que no se olvidan».

Contra Jaureguízar

Y aunque como ya se dijo es persona discreta que prefiere pasar desapercibida, tampoco permite que se le atropelle cuando considera que la razón está de su parte. Que se lo pregunten sino al arquitecto Jaureguízar, que diseñó el nuevo edificio de los juzgados en O Cavadelo y que soportó la rebelión de los funcionarios, con Joaquín a la cabeza, porque la sede no se ajustaba a sus necesidades. «Entonces era conselleiro Jesús Palmou, que tuvo que suspender la inauguración del edificio por nuestras protestas». Se hicieron reformas, pero no solventaron el problema. De hecho, ahora que se habla ya de la construcción de un nuevo edificio, en el de O Cavadelo todo sigue igual, o peor. «¡No hay sitio para nada -dice Joaquín molesto-; los papeles están por el suelo, por los pasillos, en el váter...!». Él, además, como perro viejo que es, no se cree nada. «No creo que haya un nuevo edificio antes de que yo me jubile, y en cuanto al cuarto juzgado... la gente se confunde; no está aprobado, está solicitado. Aún está por ver que el Ministerio de Justicia lo conceda».

Narcotráfico

Y entonces llegó Taín. «Ya estuvo antes de prácticas, y le hicimos una despedida. Después volvió como titular, y al final tuvimos que despedirlo de nuevo, cuando se fue para Mataró». Y empezaron a proliferar los casos de narcotráfico y a multiplicarse las horas de trabajo. «Había semanas que solo iba dos día a comer a casa; menos mal que mi mujer sabía en qué estábamos». Festivos, domingos y noches al pie del cañón. Voluntariamente. Sin pagas extras.

Detuvieron a cientos de arousanos por narcotráfico en esos años. Sin embargo, asegura que jamás tuvo problemas ni sufrió amenazas, y que aún hoy los saluda por la calle como si nada. «Todos me respetaron; cada uno ya sabe a lo que se arriesga».

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